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martes, 6 de septiembre de 2016

Instrucciones para los restos del naufragio




Cuando acabe el amor, pliega las velas. Nunca alientes los vientos de la memoria -¿a qué traer ahora lo que navega lejos?-. No sucumbas a la vil tentación de las palabras. Te abandonó un marino que ya no habla tu idioma. No hay nada que decir. Todo fue dicho.

Recoge el aparejo con que el amor pescabas cuando los peces mismos saltaban a tu barca -cuando los besos húmedos saltaban a tu boca y la brisa del mar empujaba tu barca hacia poniente-, y rema hacia la orilla. En alta mar no quedan más que tempestades.

Lo que queda de ti son tan sólo los restos del naufragio. Busca un lugar seguro en donde guarecer tu corazón maltrecho.

Esconde las palabras que os dijisteis. Ya sé: fueron las más hermosas que tú nunca escuchaste. Pero se han convertido en cantos de sirenas.

Encierra en un baúl los inmensos tesoros que dejó la aventura y entiérralos con la misma ternura con la que amaste entonces. No dibujes el plano. No trates de volver para recuperarlos. Hoy parecen tesoros de las Indias, collares y monedas, fantásticas riquezas. Y puede que lo sean. Pero ya no son tuyos.

Esconde aún más adentro las palabras que en este justo momento de tristeza podrías reprocharle. Lánzalas por la borda, atadas a una piedra para que no regresen. Son palabras terribles, capaces de una guerra. Recuerda a los troyanos.

No trates de volver. Los mares que cruzasteis se han borrado de la cartografia de la tierra. Puede que más allá, tal y como lo concebían los antiguos, sólo cuatro elefantes sostengan el planeta. Abandona los rumbos que guiaron las estrellas y hazte con una brújula que siempre marque al norte y que guíe tus pasos en las horas oscuras que te aguardan.

Da gracias a los dioses de haberte concedido tanta dicha, vedada al más común de los mortales. El dolor que ahora sientes es el precio que cobran las deidades por ese privilegio que viviste.

Recuerda que los días diluirán la memoria en el olvido.

Y busca en una noche de Perseidas algún rastro de luz que borre el desconsuelo del naufragio.

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