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domingo, 24 de abril de 2016

Para que el mundo gire




Para que el mundo gire
y la luz se extravíe en la mañana,
dando color al fondo de tus ojos,
recortando paciente
el perfil generoso de tus manos
y en la noche la luna te ilumine,
contemplándote absorta y distraída.

Para que el mundo gire
fue preciso un milagro.
Una gran explosión se hizo necesaria
y una nube gigante de polvo, gas y roca.
Y así se fue expandiendo el universo.
Y fue la gravedad, extraña fuerza,
la que engarzó elementos primordiales
y fue formando estrellas y galaxias
y dio vida a satélites, planetas,
que siguieron girando.

Resulta complicado este prodigio,
esta cita improbable de sucesos.
Así surgió la tierra,
así su orografía,
y todos los “sucede” que ocurrieron
o que, tal vez, soñamos:
el perfil de los montes
que alcanzamos a ver en aquel banco
donde una vez te dije que te amaba;
los vientos invisibles que movían tu pelo
aquellas largas tardes en que nunca nos vimos;  
el cauce de de los ríos
donde, de tarde en tarde,
asomaste tus pies al agua fría;
las simas de los mares que no conoceremos.

Para que el mundo gire a mí me basta
simplemente
que cada noche llegue, a cualquier hora,
temprana o demorada,
con besos o sin lunas,
enojada o rendida,
como muestra de amor o de despecho,
oscura o luminosa,
esa frase que dice “buenas noches”.

Ese milagro.
Simplemente.
Para que el mundo gire.


sábado, 9 de abril de 2016

Recital en el café Zalacaín. Abril 2015

Fotografía de Alberto Caride

Era 13 de abril y el café Zalacaín nos brindó la oportunidad de recitar juntas. Mamen Piqueras, sus poemas nuevos y algunos de siempre. Y servidora, un ramillete de relatos cortos que nunca había leído en público. Una ocasión única de compartir con mi amiga esos trabajos sobre los que hemos hablado tanto. 

Un recital que yo dediqué a aquellos niños que conocieron los charcos naranjas de los días de lluvia en la calle de nuestra infancia. Y a los maestros que la recorrían con nosotros.

Y, de guinda, las interpretaciones de Manuel Muñoz Zielinski, que nos acompañó con el sonido de su guitarra. 


Fotografía: Alberto Caride
Fotografía: Alberto Caride

Fotografía: Alberto Caride
Fotografía: Alberto Caride




Mi agradecimiento a Alberto Caride, a todos los que vinieron y un abrazo gigante a aquellos con los que no pudimos estar.


Era 13 de abril y se nos había ido Eduardo Galeano. 





martes, 5 de abril de 2016

El tan temido

Deja unos puntos suspensivos en el whatsapp, como tres tablas a la deriva. No es la primera vez que se dedican puntos suspensivos. Son las diez de la mañana.

A la hora de comer, ella no ha contestado. Estuvo en línea. Pero no leyó su mensaje. Y la comida se queda sobre la mesa.

A las seis, sigue sin responder. Pero aparecen en la pantalla, como pájaros, dos tics azules. No sabe si alegrarse. Al menos lo ha leído. Anoche dijeron demasiadas cosas. Él sigue contando las horas.


Mientras se ducha, escucha aliviado el sonido del whatsapp. Y respira hondo.

Sin secarse siquiera, ve titilar la deseada lucecita azul con que se anuncian los mensajes de Marina. Tiene malas sensaciones. Pero lo abre. 

Y allí está: escueto, breve, terrible, el tan temido punto final. El más cruel de los signos ortográficos.