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martes, 8 de noviembre de 2016

La estancia de Pedro Brotini y Las dudas



Con el propósito de promocionar el libro La estancia de Pedro Brotini, la editorial La Fea Burguesía convocó un concurso de microrrelatos de un máximo de 15o palabras que contuviera la palabra "estancia". De ahí surgió este texto "Las dudas", que nació afortunado y se llevó como premio un ejemplar de la novela firmado por el autor.


Pedro Brotini ya nos sorprendió en 2011 con su novela El tiempo de las palabras azules , ganador del Premio Volkswagen Qué leer.


La sinopsis de La estancia nos dice:



"En el veranto de 1816 tuvo lugar en Villa Diodati, a orillas del lago de Ginebra en Suiza, una reunión que pasó a la historia de la literatura. Confinados durante varios días a causa de una gran tormenta, los escritores Lord Byron, Mary Shelley y John Polidori, entre otros, se entretuvieron en contar y escribir relatos de terror. En ese lugar y durante aquellas noches nacieron novelas como Frankenstein o El vampiro, el antecedente de Drácula... pero, tal vez, desaparecieron otras obras.
Doscientos años después, una anciana restauradora de muebles, viuda de un famoso bibliófilo, junto con la mujer que se encarga de cuidarla, antigua investigadora universitaria, emprenderán un viaje a través de la historia para contestar esta pregunta: ¿existió La estancia, la mejor obra de la literatura de terror de todos los tiempos, o tan sólo se trata de un mito?"


Y así surgió el microrrelato...


Las dudas


De sus días en el mundo, Polidori guarda escasos recuerdos, la mayoría confusos e inconexos. Han pasado ya doscientos años y no conserva aquella memoria prodigiosa de sus años de estudiante de medicina.

Recuerda una inusual tormenta en Villa Diodati, los diecinueve deliciosos años de Mary Shelley, una tenaz ambición por ser literato y un suicidio. A las demás informaciones que le llegan hasta allá arriba acude atónito. No sabe si son ciertas, si las vio en alguna película, las descubrió en wikipedia o las leyó en los libros. ¡Se dicen tantas cosas!

Cada tarde, perdidos más allá del mundo, él y sus amigos conversan sobre estos asuntos que no recuerdan haber vivido. Hoy les contó que, tal vez, escribió un libro llamado La estanciaTampoco Aristóteles recuerda si llegó a escribir La Comedia. Pero el más atormentado sigue siendo Salieri, que no recuerda haber envenenado nunca a Mozart. 


martes, 6 de septiembre de 2016

Instrucciones para los restos del naufragio




Cuando acabe el amor, pliega las velas. Nunca alientes los vientos de la memoria -¿a qué traer ahora lo que navega lejos?-. No sucumbas a la vil tentación de las palabras. Te abandonó un marino que ya no habla tu idioma. No hay nada que decir. Todo fue dicho.

Recoge el aparejo con que el amor pescabas cuando los peces mismos saltaban a tu barca -cuando los besos húmedos saltaban a tu boca y la brisa del mar empujaba tu barca hacia poniente-, y rema hacia la orilla. En alta mar no quedan más que tempestades.

Lo que queda de ti son tan sólo los restos del naufragio. Busca un lugar seguro en donde guarecer tu corazón maltrecho.

Esconde las palabras que os dijisteis. Ya sé: fueron las más hermosas que tú nunca escuchaste. Pero se han convertido en cantos de sirenas.

Encierra en un baúl los inmensos tesoros que dejó la aventura y entiérralos con la misma ternura con la que amaste entonces. No dibujes el plano. No trates de volver para recuperarlos. Hoy parecen tesoros de las Indias, collares y monedas, fantásticas riquezas. Y puede que lo sean. Pero ya no son tuyos.

Esconde aún más adentro las palabras que en este justo momento de tristeza podrías reprocharle. Lánzalas por la borda, atadas a una piedra para que no regresen. Son palabras terribles, capaces de una guerra. Recuerda a los troyanos.

No trates de volver. Los mares que cruzasteis se han borrado de la cartografia de la tierra. Puede que más allá, tal y como lo concebían los antiguos, sólo cuatro elefantes sostengan el planeta. Abandona los rumbos que guiaron las estrellas y hazte con una brújula que siempre marque al norte y que guíe tus pasos en las horas oscuras que te aguardan.

Da gracias a los dioses de haberte concedido tanta dicha, vedada al más común de los mortales. El dolor que ahora sientes es el precio que cobran las deidades por ese privilegio que viviste.

Recuerda que los días diluirán la memoria en el olvido.

Y busca en una noche de Perseidas algún rastro de luz que borre el desconsuelo del naufragio.

martes, 17 de mayo de 2016

Los motivos del limón

La fea burguesía convocó un concurso de relatos de 100 palabras, cuya única condición era incluir la palabra "paparajote" entre sus líneas. Con el título de "El por qué de las hojas del limón", participamos en el juego. El ganador fue Andrés Ruiz Sanz con su texto "Vine de muy lejos".
Concluido el concurso, a mí me quedó esta historia, un poquito más larga, a la que le cambié el nombre. Porque estos y no otros fueron "Los motivos del limón".



Los motivos del limón


Entre las mujeres de mi familia el paparajote es un postre que concita todos los rencores.

Mi madre los preparó una vez pero papá opinó que su madre los hacía mucho mejor. A la tita Rosa se le quemaron en una cena y el tito la recriminó en público. Mi abuela nunca escuchó a su esposo alabárselos. Cada una de ellas guardó un rencor en su memoria.

Las mujeres de mi familia preparan paparajotes cada primavera. Con su masa dulce de harina, leche, huevo y ralladura. Pero para mantener vivos sus pesambres, ellas esconden en su mitad la amargura de una hoja de limón.

Aunque ignoran cuál, ellas siempre han sabido que fue algún rencor femenino el que hizo incluir la hoja del limón cuando nació esta receta deliciosa.



domingo, 24 de abril de 2016

Para que el mundo gire




Para que el mundo gire
y la luz se extravíe en la mañana,
dando color al fondo de tus ojos,
recortando paciente
el perfil generoso de tus manos
y en la noche la luna te ilumine,
contemplándote absorta y distraída.

Para que el mundo gire
fue preciso un milagro.
Una gran explosión se hizo necesaria
y una nube gigante de polvo, gas y roca.
Y así se fue expandiendo el universo.
Y fue la gravedad, extraña fuerza,
la que engarzó elementos primordiales
y fue formando estrellas y galaxias
y dio vida a satélites, planetas,
que siguieron girando.

Resulta complicado este prodigio,
esta cita improbable de sucesos.
Así surgió la tierra,
así su orografía,
y todos los “sucede” que ocurrieron
o que, tal vez, soñamos:
el perfil de los montes
que alcanzamos a ver en aquel banco
donde una vez te dije que te amaba;
los vientos invisibles que movían tu pelo
aquellas largas tardes en que nunca nos vimos;  
el cauce de de los ríos
donde, de tarde en tarde,
asomaste tus pies al agua fría;
las simas de los mares que no conoceremos.

Para que el mundo gire a mí me basta
simplemente
que cada noche llegue, a cualquier hora,
temprana o demorada,
con besos o sin lunas,
enojada o rendida,
como muestra de amor o de despecho,
oscura o luminosa,
esa frase que dice “buenas noches”.

Ese milagro.
Simplemente.
Para que el mundo gire.


sábado, 9 de abril de 2016

Recital en el café Zalacaín. Abril 2015

Fotografía de Alberto Caride

Era 13 de abril y el café Zalacaín nos brindó la oportunidad de recitar juntas. Mamen Piqueras, sus poemas nuevos y algunos de siempre. Y servidora, un ramillete de relatos cortos que nunca había leído en público. Una ocasión única de compartir con mi amiga esos trabajos sobre los que hemos hablado tanto. 

Un recital que yo dediqué a aquellos niños que conocieron los charcos naranjas de los días de lluvia en la calle de nuestra infancia. Y a los maestros que la recorrían con nosotros.

Y, de guinda, las interpretaciones de Manuel Muñoz Zielinski, que nos acompañó con el sonido de su guitarra. 


Fotografía: Alberto Caride
Fotografía: Alberto Caride

Fotografía: Alberto Caride
Fotografía: Alberto Caride




Mi agradecimiento a Alberto Caride, a todos los que vinieron y un abrazo gigante a aquellos con los que no pudimos estar.


Era 13 de abril y se nos había ido Eduardo Galeano. 





martes, 5 de abril de 2016

El tan temido

Deja unos puntos suspensivos en el whatsapp, como tres tablas a la deriva. No es la primera vez que se dedican puntos suspensivos. Son las diez de la mañana.

A la hora de comer, ella no ha contestado. Estuvo en línea. Pero no leyó su mensaje. Y la comida se queda sobre la mesa.

A las seis, sigue sin responder. Pero aparecen en la pantalla, como pájaros, dos tics azules. No sabe si alegrarse. Al menos lo ha leído. Anoche dijeron demasiadas cosas. Él sigue contando las horas.


Mientras se ducha, escucha aliviado el sonido del whatsapp. Y respira hondo.

Sin secarse siquiera, ve titilar la deseada lucecita azul con que se anuncian los mensajes de Marina. Tiene malas sensaciones. Pero lo abre. 

Y allí está: escueto, breve, terrible, el tan temido punto final. El más cruel de los signos ortográficos.



lunes, 29 de febrero de 2016

La noche del incendio de Antonio Aguilar



    Un placer participar con algunas fotografías para ilustrar el poema "Perséfone" de Antonio Aguilar. 
    Muy original ese proyecto tan bonico de cajas con las fotografías hechas por algunos de sus amigos para su libro de poemas La noche del incendio. 
    Y entrañable la presentación en la cafetería Ítaca.         Enhorabuena por ese libro, Antonio, y mucha suerte.



















Perséfone

No siempre conocer fue fácil, fue
por ti por quien mantuve abierta la mitad
de mis ojos –la otra mitad dormida
tal vez con el deseo de encontrarte-.

También la primavera te verá
abrir la puerta y avanzar por el sendero
bajo la sombra de las jacarandas,
un amante voraz
que llega con las estaciones.

Después, ya más tranquilos, te diré
cuanto la luz nos deje.
Y todo volverá a ser naturaleza,
por ti, todo verdad,
Perséfone, que agostas

la voz del frío con la luz de los cerezos.
  
                                      La noche del incendio, Antonio Aguilar


abierta la mitad de mis ojos -la otra mitad dormida
tal vez con el deseo de encontrarte
por el sendero bajo la sombra de las jacarandas
un amante voraz que llega con las estaciones
un amante voraz que llega con las estaciones
un amante voraz que llega con las estaciones
te diré cuanto la luz nos deje
y todo volverá a ser naturaleza
Perséfone, que agostas la voz del frío
con la luz de los cerezos


En el blog de Antonio Aguilar se pueden ver todas las fotos de los amigos y poetas que participaron: