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lunes, 7 de julio de 2014

Maruja, niña de los pinceles infinitos

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¿Quién no ha vuelto los ojos a un amor que ya no existe? ¿Qué cosas le diríamos si le escribiéramos una carta? ¿A qué nos lleva a veces la tristeza? ¿Y qué podría haber escrito Miguel Hernández a Maruja Mallo si acaso le hubiera escrito?

Un texto que me publicaron en la revista Ágora. Papeles de Arte Gramático en julio de 2010.


A comienzos del verano de 1935, Miguel Hernández y la pintora Maruja Mallo mantienen una intensa y apasionada relación que durará muy poco tiempo y cuyo fin da lugar a muchos de los apasionados y trágicos poemas de El rayo que no cesa.
En enero de 1941, el poeta que lleva casi dos encarcelado, está enfermo y no le queda mucho más consuelo que las cartas que escribe a Josefina.
Y si alguna de esas cartas hubiera sido para Maruja Mallo tanto tiempo después, ¿qué le habría dicho Miguel Hernández?
Una fabulación sobre lo que el poeta hubiera podido decir, si alguna vez hubiera enviado esta carta a Maruja.




Carta a Maruja
niña de los pinceles infinitos


 Reformatorio de Ocaña, 19 de enero de 1941 (1)


A ti sola (2):
Uno de tantos hombres, prisionero de una de tantas celdas. Eso he venido a ser: un jilguero enjaulado. Uno de tantos.
Afuera cae la lluvia tras los turbios barrotes, como una letanía de tercos bueyes, y traza surcos de agua en los cristales. Afuera. Siempre afuera. También en los caminos de Perales (3) volverán a nacer para la luz y el viento, nunca para nosotros, niña mía, otros campos con espigas asombradas. Y otro rubor de encendidas amapolas. (4) 
La vida transcurre con enfermiza y lenta indiferencia pues no hay nada que hacer. Nada más que avivar el odio ante tanta injusticia y tanto llanto.
Ahora fumo, ¿verdad que tú lo ignoras? Así quemo mis días en este peregrinar de una cárcel a otra: entre cigarros, cartas y tristezas. (5) 
Recibí un homenaje por mis poemas hace escasas semanas. De algunos conocidos de la cárcel. “Más poeta, más hermano y más humano que nunca” me llamaron. (6) 
Lo agradezco. De veras lo agradezco. Aunque ya no me nacen versos para el mundo. Es demasiada el hambre y la tristeza.
Tal vez afuera sí, donde la lluvia. Versos para tu amor y tu abandono. Versos para la luz y para el viento.
Después que me dejaste, dejé escrito que a las penas tenía los huesos hechos (7), sin saber todavía cuánto dolor vendría y cuánta ausencia. Tengo miedo, Maruja, mucho miedo. Me ronda ya la muerte desplegando sus alas para un vuelo inminente. Y sé que he de morir terriblemente solo. Mientras afuera tú verás la lluvia.(8)
Visité muchas veces la Casa de las Flores.(9) Jamás fue tan rotunda su luminosa puerta como el día en que tus ojos inundaron de espumas mi ribera.
-¿Eres Miguel Hernández el poeta?
¿Y quién sino Miguel habría de ser aquel paleto con la gorra apretada entre las manos? (10)
-¿Paleto?
Ya daba igual saberlo si entre mis manos era una garza de luz tu cuerpo blanco. Confidencias de sábanas con luna.
Si me vieras, amor, si tú me vieras… Tanto tiempo ha pasado. No sé dónde andarás. Dijeron Buenos Aires, (11) sí, dijeron. Pero, ¿quién sabe ya? ¿Cómo saberlo? Nunca pedí noticia de tus pasos. Porque te odié con enconada inquina. Pero también te amé. Como a ninguna. (12) 
Tú, Maruja, descarada tormenta de rayos y centellas, insolencia amarilla desafiando a la lluvia. Afuera, siempre afuera, en la tierra y el aire, en el surco y la era. ¡Libre!. Libre como esta lluvia tenue que no lava mis penas.
¡Qué triste fue que todo terminara! Un avispero  dije, un avispero, (13) ¿qué otra cosa pudieron ser tus besos  y el aguijón picudo de tus senos para mis manos rudas de cabrero?
No quisiste que hubiera juramentos. Sobraban a tu amor todas las leyes.
-Yo nada te quité. Tú me lo diste. Nada te he de deber cuando esto acabe.
Pero cumplí con creces la promesa que olvidaste por tuya, (14) si es que acaso llegaste tú a escucharla, y te escribí con duelo los versos más amargos, un volcán de sonetos.(15) Dejemos el secreto entre nosotros. 
Maruja, certeza de aguacero en mi tierra baldía, acostumbrada al sol y a la sequía, ¡quién te tuviera aquí junto a mi pecho para aliviar así mi desespero!
No imaginas que yo, aquí tan lejos, tan lejos de la lluvia y de tus Aires Buenos, en este desolado día de enero te escribo unas palabras, que nunca viajarán hasta tus ojos, para llenar las horas de mis días y para descargarme de la rabia que contra Josefina hoy me devora. (16) 
La atenazan el miedo y la pavura de llegar a Madrid sin más compaña que una cesta y un niño entre los brazos. No volveré a insistir. Me abandona a mi suerte sin remedio. No laten en su sangre los pulsos que me alientan. No puede ser su amor, sumiso y desalmado, más que un yugo de reses que me convierta en animal domado. (17) 
Es por eso que hoy, niña de los pinceles infinitos, desesperado y desesperanzado de mi suerte, en mi memoria evoco tu sonrisa valiente y decidida, los sueños de la libertad robada y saqueada. Cierro los ojos ante esta soledad despavorida y sueño que me adentro por tu cuerpo que fue fuego y ceniza. Y rayo que no cesa.
Ya nada importa, niña. Nunca vendrá la lluvia. No habrá para mis huesos más afuera que la dudosa paz del cementerio.(18)

 
La sorpresa del trigo de Maruja Mallo
 
Notas:
1  En noviembre de 1940, Miguel Hernández ingresa en el Reformatorio de Adultos de Ocaña, procedente de Yeserías y con anterioridad de Palencia. No son las únicas cárceles por las que ha pasado. 
2A ti sola”, con estas tres palabras se iniciaba la dedicatoria de El rayo que no cesa. 
3 Durante el idilio entre el poeta y la pintora, además de las reuniones de trabajo en casa de amigos comunes, Miguel y Maruja comparten paseos y salidas por las afueras de Madrid, por la zona triguera entre Perales y Morata de Tajuña. 
4 Los poemas de El rayo que no cesa comparten la iconografía de la escuela de Vallecas a la que Maruja pertenecía. Al igual que los cuadros de Maruja los versos aluden a elementos comunes: rayos, relámpagos, tactos, manos, rojos, campanarios, abismos, cardos, … 
5 El hábito de fumar lo adquiere en la prisión de Conde de Toreno “Aquí me tienes quemando días, porque verdaderamente los quemo a fuerza de esperar fumando un cigarro tras otro”. 
6  En diciembre de 1940, al superar la cuarentena con que le reciben en la cárcel, amigos artistas y poetas le preparan un banquete homenaje en la sala 11. Le dedican elogiosas palabras. 
7 Tengo estos huesos hechos a las penas / y a las cavilaciones estas sienes (El rayo que no cesa) 
8 Hernández está muy enfermo. Padece habituales afecciones cerebrales y molestias intestinales, En noviembre ha  sufrido una neumonía y su salud es muy frágil. 
9  La casa de las Flores era la residencia de Pablo Neruda en Madrid, un edificio custodiado de geranios donde Hernández acude con frecuencia y en donde conoce a muchos intelectuales y artistas. También a Maruja en febrero de 1935. 
10 La pregunta se la hace en realidad el pintor Alberto Sánchez, miembro de la escuela de Vallecas y compañero de Maruja al ver a Miguel entre otros amigos en traje de pana y calzado de alpargatas:  “¿Qué hará este paleto entre tantos señoritos?” 
11 Poco tiempo después del inicio de la Guerra Civil , Maruja marcha a Argentina con la ayuda de Gabriela Mistral. 
12  La ruptura de la relación con Maruja Mallo hizo que Miguel Hernández se sintiera burlado ante la poca importancia que la pintora le dio:  Como el toro te sigo y te persigo, / y dejas mi deseo en una espada, / como el toro burlado, como el toro  (El rayo que no cesa)    
13   Besarte fue besar un avispero  (El rayo que no cesa) 
14  “A ti sola, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya” es la compleja dedicatoria que precede al libro de poemas, como si hubiera sido prometido a alguien a quien bien poco habría de importarle. 
15 Los más de 20 poemas atribuidos a la relación con Maruja Mallo en El rayo que no cesa. 
16 La correspondencia con Josefina Manresa durante este tiempo demuestra una absoluta falta de sintonía entre el poeta y su esposa. Miguel quiere que se traslade con el niño a Madrid para poder verla.  “Dime en seguida si estás dispuesta a venir, (…) Si no te decides me darás un gran disgusto y no volveré a insistir nunca" le dice en una de sus cartas. Mientras tanto, Josefina busca que el poeta se arrepienta de sus ideas y muestre su voluntad de colaborar con el nuevo régimen político, petición a la que Hernández nunca se plegará.  
17 Varias fueron las tentativas del Régimen por conseguir que el poeta se arrepintiera de sus ideas públicamente. 
18 En la dudosa paz del cementerio  es un verso robado del libro Oficios de derrota  de Mamen Piqueras y alude realmente a la tumba de Antonio Machado en Colliure.


Y aquí versión power point, puesto que ya estaba hecho. 
Para mover las diapositivas hay que darle a las flechas. Carta a Maruja, niña de los pinceles infinitos