http://noeresunasolapersona.blogspot.com.es/search/label/Relatos%20brevesPáginas

viernes, 3 de marzo de 2017

sábado, 25 de febrero de 2017

Platero y yo





Un manojo de poemas realizados por encargo sobre Platero y yo, recreaciones cada uno de ellos de un número de capítulos convenido del libro de Juan Ramón. Aunque es imposible aproximarse al lirismo que destilan las propias páginas de Platero, poema en sí mismo, ha sido un placer escribir estas líneas.



Capítulos LXVIII - LXXI











Capítulos LXXII - LXXV






Capítulos LXXVI - LXXXII





Capítulos LXXXIII - LXXXVIII





Capítulos LXXXIX - XCV





Capítulos XCVI - CI







sábado, 11 de febrero de 2017

Como Machado en tierras castellanas




 


Hace tanto frío en la pensión de tu ausencia,
que cada día, como hiciera el poeta
en el hostal de tierras castellanas,
yo abro la ventana,
a plena luz del día o a plena noche oscura,
para que el invierno, trémulo y helado,
entre a abrigar mi corazón,
aún más desolado y aterido
que el crudo invierno en tierras de Castilla.



 



Fran García Pujante


Un poema publicado en Manifiesto Azul 17

Gracias a Colectivo Iletrados por su trabajo y entusiasmo, a los autores que han 
participado en estas páginas y a Fran García Pujante por su portada.  
El fanzine se puede ver en el siguiente enlace: Manifiesto azul 17 








martes, 8 de noviembre de 2016

La estancia de Pedro Brotini y Las dudas



Con el propósito de promocionar el libro La estancia de Pedro Brotini, la editorial La Fea Burguesía convocó un concurso de microrrelatos de un máximo de 15o palabras que contuviera la palabra "estancia". De ahí surgió este texto "Las dudas", que nació afortunado y se llevó como premio un ejemplar de la novela firmado por el autor.


Pedro Brotini ya nos sorprendió en 2011 con su novela El tiempo de las palabras azules , ganador del Premio Volkswagen Qué leer.


La sinopsis de La estancia nos dice:



"En el veranto de 1816 tuvo lugar en Villa Diodati, a orillas del lago de Ginebra en Suiza, una reunión que pasó a la historia de la literatura. Confinados durante varios días a causa de una gran tormenta, los escritores Lord Byron, Mary Shelley y John Polidori, entre otros, se entretuvieron en contar y escribir relatos de terror. En ese lugar y durante aquellas noches nacieron novelas como Frankenstein o El vampiro, el antecedente de Drácula... pero, tal vez, desaparecieron otras obras.
Doscientos años después, una anciana restauradora de muebles, viuda de un famoso bibliófilo, junto con la mujer que se encarga de cuidarla, antigua investigadora universitaria, emprenderán un viaje a través de la historia para contestar esta pregunta: ¿existió La estancia, la mejor obra de la literatura de terror de todos los tiempos, o tan sólo se trata de un mito?"


Y así surgió el microrrelato...


Las dudas


De sus días en el mundo, Polidori guarda escasos recuerdos, la mayoría confusos e inconexos. Han pasado ya doscientos años y no conserva aquella memoria prodigiosa de sus años de estudiante de medicina.

Recuerda una inusual tormenta en Villa Diodati, los diecinueve deliciosos años de Mary Shelley, una tenaz ambición por ser literato y un suicidio. A las demás informaciones que le llegan hasta allá arriba acude atónito. No sabe si son ciertas, si las vio en alguna película, las descubrió en wikipedia o las leyó en los libros. ¡Se dicen tantas cosas!

Cada tarde, perdidos más allá del mundo, él y sus amigos conversan sobre estos asuntos que no recuerdan haber vivido. Hoy les contó que, tal vez, escribió un libro llamado La estanciaTampoco Aristóteles recuerda si llegó a escribir La Comedia. Pero el más atormentado sigue siendo Salieri, que no recuerda haber envenenado nunca a Mozart. 


martes, 6 de septiembre de 2016

Instrucciones para los restos del naufragio




Cuando acabe el amor, pliega las velas. Nunca alientes los vientos de la memoria -¿a qué traer ahora lo que navega lejos?-. No sucumbas a la vil tentación de las palabras. Te abandonó un marino que ya no habla tu idioma. No hay nada que decir. Todo fue dicho.

Recoge el aparejo con que el amor pescabas cuando los peces mismos saltaban a tu barca -cuando los besos húmedos saltaban a tu boca y la brisa del mar empujaba tu barca hacia poniente-, y rema hacia la orilla. En alta mar no quedan más que tempestades.

Lo que queda de ti son tan sólo los restos del naufragio. Busca un lugar seguro en donde guarecer tu corazón maltrecho.

Esconde las palabras que os dijisteis. Ya sé: fueron las más hermosas que tú nunca escuchaste. Pero se han convertido en cantos de sirenas.

Encierra en un baúl los inmensos tesoros que dejó la aventura y entiérralos con la misma ternura con la que amaste entonces. No dibujes el plano. No trates de volver para recuperarlos. Hoy parecen tesoros de las Indias, collares y monedas, fantásticas riquezas. Y puede que lo sean. Pero ya no son tuyos.

Esconde aún más adentro las palabras que en este justo momento de tristeza podrías reprocharle. Lánzalas por la borda, atadas a una piedra para que no regresen. Son palabras terribles, capaces de una guerra. Recuerda a los troyanos.

No trates de volver. Los mares que cruzasteis se han borrado de la cartografia de la tierra. Puede que más allá, tal y como lo concebían los antiguos, sólo cuatro elefantes sostengan el planeta. Abandona los rumbos que guiaron las estrellas y hazte con una brújula que siempre marque al norte y que guíe tus pasos en las horas oscuras que te aguardan.

Da gracias a los dioses de haberte concedido tanta dicha, vedada al más común de los mortales. El dolor que ahora sientes es el precio que cobran las deidades por ese privilegio que viviste.

Recuerda que los días diluirán la memoria en el olvido.

Y busca en una noche de Perseidas algún rastro de luz que borre el desconsuelo del naufragio.

martes, 17 de mayo de 2016

Los motivos del limón

La fea burguesía convocó un concurso de relatos de 100 palabras, cuya única condición era incluir la palabra "paparajote" entre sus líneas. Con el título de "El por qué de las hojas del limón", participamos en el juego. El ganador fue Andrés Ruiz Sanz con su texto "Vine de muy lejos".
Concluido el concurso, a mí me quedó esta historia, un poquito más larga, a la que le cambié el nombre. Porque estos y no otros fueron "Los motivos del limón".



Los motivos del limón


Entre las mujeres de mi familia el paparajote es un postre que concita todos los rencores.

Mi madre los preparó una vez pero papá opinó que su madre los hacía mucho mejor. A la tita Rosa se le quemaron en una cena y el tito la recriminó en público. Mi abuela nunca escuchó a su esposo alabárselos. Cada una de ellas guardó un rencor en su memoria.

Las mujeres de mi familia preparan paparajotes cada primavera. Con su masa dulce de harina, leche, huevo y ralladura. Pero para mantener vivos sus pesambres, ellas esconden en su mitad la amargura de una hoja de limón.

Aunque ignoran cuál, ellas siempre han sabido que fue algún rencor femenino el que hizo incluir la hoja del limón cuando nació esta receta deliciosa.



domingo, 24 de abril de 2016

Para que el mundo gire




Para que el mundo gire
y la luz se extravíe en la mañana,
dando color al fondo de tus ojos,
recortando paciente
el perfil generoso de tus manos
y en la noche la luna te ilumine,
contemplándote absorta y distraída.

Para que el mundo gire
fue preciso un milagro.
Una gran explosión se hizo necesaria
y una nube gigante de polvo, gas y roca.
Y así se fue expandiendo el universo.
Y fue la gravedad, extraña fuerza,
la que engarzó elementos primordiales
y fue formando estrellas y galaxias
y dio vida a satélites, planetas,
que siguieron girando.

Resulta complicado este prodigio,
esta cita improbable de sucesos.
Así surgió la tierra,
así su orografía,
y todos los “sucede” que ocurrieron
o que, tal vez, soñamos:
el perfil de los montes
que alcanzamos a ver en aquel banco
donde una vez te dije que te amaba;
los vientos invisibles que movían tu pelo
aquellas largas tardes en que nunca nos vimos;  
el cauce de de los ríos
donde, de tarde en tarde,
asomaste tus pies al agua fría;
las simas de los mares que no conoceremos.

Para que el mundo gire a mí me basta
simplemente
que cada noche llegue, a cualquier hora,
temprana o demorada,
con besos o sin lunas,
enojada o rendida,
como muestra de amor o de despecho,
oscura o luminosa,
esa frase que dice “buenas noches”.

Ese milagro.
Simplemente.
Para que el mundo gire.


sábado, 9 de abril de 2016

Recital en el café Zalacaín. Abril 2015

Fotografía de Alberto Caride

Era 13 de abril y el café Zalacaín nos brindó la oportunidad de recitar juntas. Mamen Piqueras, sus poemas nuevos y algunos de siempre. Y servidora, un ramillete de relatos cortos que nunca había leído en público. Una ocasión única de compartir con mi amiga esos trabajos sobre los que hemos hablado tanto. 

Un recital que yo dediqué a aquellos niños que conocieron los charcos naranjas de los días de lluvia en la calle de nuestra infancia. Y a los maestros que la recorrían con nosotros.

Y, de guinda, las interpretaciones de Manuel Muñoz Zielinski, que nos acompañó con el sonido de su guitarra. 


Fotografía: Alberto Caride
Fotografía: Alberto Caride

Fotografía: Alberto Caride
Fotografía: Alberto Caride




Mi agradecimiento a Alberto Caride, a todos los que vinieron y un abrazo gigante a aquellos con los que no pudimos estar.


Era 13 de abril y se nos había ido Eduardo Galeano. 





martes, 5 de abril de 2016

El tan temido

Deja unos puntos suspensivos en el whatsapp, como tres tablas a la deriva. No es la primera vez que se dedican puntos suspensivos. Son las diez de la mañana.

A la hora de comer, ella no ha contestado. Estuvo en línea. Pero no leyó su mensaje. Y la comida se queda sobre la mesa.

A las seis, sigue sin responder. Pero aparecen en la pantalla, como pájaros, dos tics azules. No sabe si alegrarse. Al menos lo ha leído. Anoche dijeron demasiadas cosas. Él sigue contando las horas.


Mientras se ducha, escucha aliviado el sonido del whatsapp. Y respira hondo.

Sin secarse siquiera, ve titilar la deseada lucecita azul con que se anuncian los mensajes de Marina. Tiene malas sensaciones. Pero lo abre. 

Y allí está: escueto, breve, terrible, el tan temido punto final. El más cruel de los signos ortográficos.



lunes, 29 de febrero de 2016

La noche del incendio de Antonio Aguilar



    Un placer participar con algunas fotografías para ilustrar el poema "Perséfone" de Antonio Aguilar. 
    Muy original ese proyecto tan bonico de cajas con las fotografías hechas por algunos de sus amigos para su libro de poemas La noche del incendio. 
    Y entrañable la presentación en la cafetería Ítaca.         Enhorabuena por ese libro, Antonio, y mucha suerte.



















Perséfone

No siempre conocer fue fácil, fue
por ti por quien mantuve abierta la mitad
de mis ojos –la otra mitad dormida
tal vez con el deseo de encontrarte-.

También la primavera te verá
abrir la puerta y avanzar por el sendero
bajo la sombra de las jacarandas,
un amante voraz
que llega con las estaciones.

Después, ya más tranquilos, te diré
cuanto la luz nos deje.
Y todo volverá a ser naturaleza,
por ti, todo verdad,
Perséfone, que agostas

la voz del frío con la luz de los cerezos.
  
                                      La noche del incendio, Antonio Aguilar


abierta la mitad de mis ojos -la otra mitad dormida
tal vez con el deseo de encontrarte
por el sendero bajo la sombra de las jacarandas
un amante voraz que llega con las estaciones
un amante voraz que llega con las estaciones
un amante voraz que llega con las estaciones
te diré cuanto la luz nos deje
y todo volverá a ser naturaleza
Perséfone, que agostas la voz del frío
con la luz de los cerezos


En el blog de Antonio Aguilar se pueden ver todas las fotos de los amigos y poetas que participaron:

sábado, 26 de diciembre de 2015

Las agendas del olvido



CLAUSURA DE LA EXPOSICIÓN “En una caja de galletas”


   Quise escribir un poema para clausurar la exposición de Antonio Gómez Ribelles en el museo Arqueológico de los Baños. Me habría encantado un buen poema, como los que escriben mis amigos poetas. Unos versos sobre la memoria y el olvido. Y las benditas cajas de galletas donde se guardan lo que ya nunca será. 

   Y elegí para comenzarlo una cita de Juan de Dios García “Memoria es el país de donde llega siempre la tristeza”. Pero no pudo ser. Me pasó con él lo que dice Sabina en su canción: “Terminaba tan triste que nunca lo pude empezar”

   Así que, volví a lo mío, a los relatos cortos. Y elegí hablar de otro tipo de olvidos: el de las agendas.

Gracias a Antonio, por invitarme a aquella velada tan bonica.

Antonio Gómez Ribelles



Antonio Gómez Ribelles


Antonio Gómez Ribelles

 


Las agendas del olvido

     En una tienda de mi barrio venden agendas para anotar aquellas cosas que se quiere olvidar. Y parece un negocio rentable. 

     Al principio las agendas se amontonaban en un rincón. Se escondían junto a los libros de saldo, como si el dueño de la tienda anduviera pidiendo disculpas por su presencia. Una de esas cosas de las que uno casi se avergüenza. Un error cualquiera.

     Por eso mismo, por error, la compró Obdulia, la peluquera del barrio, sin saber qué compraba. Tenía intención de  romper con el cartero. Estaba harta de un novio que, entre las facturas que cada día llevaba a su buzón, nunca deslizara una carta de amor. Dicen que apuntó en la agenda la hora a la que había quedado una tarde para devolverle las cartas que él nunca le había llegado a escribir. Pero olvidó acudir a la cita y, en la tarde convenida, que nunca recordó, aquella tarde en que pensaba acabar para siempre, con seis sencillos whatsapps, el cartero y Obdulia pusieron fecha de boda.  

     Debió contarlo en la peluquería una mañana gris de noviembre porque seis de las clientas de Obdulia acudieron a comprar una agenda de olvidos a la tienda de mi barrio la tarde de la misma mañana gris. Y empezaron a apuntar las citas y recados que no deseaban recordar. 

     Se sabe que Rosario anotó la cena con las antiguas compañeras del colegio con las que una vez al mes en el restaurante francés compartía todo lo que nunca tuvieron en común. 

     Mariana y tres madres más faltaron a la reunión en el colegio de la Consolación. Y la señorita Lucía, a quien llamaban caracaballo,  las echó en falta por ser de las mamás habituales. Tampoco Cristina pasó a ver a su suegra, tal y como su marido había convenido. 

     Y al volver Manuel del instituto, tuvo que sacar la ropa sucia de toda la semana y recoger del suelo sus zapatillas de deporte, asombrado de que su madre no le hubiera ordenado la habitación como cada jueves.

     Después compraron agendas del olvido todas las aburridas amigas del colegio de Rosario. Y nunca más las volvieron a ver cenando juntas una vez al mes, compartiendo humo, en el restaurante francés de Camille, junto a la peluquería de Obdulia. 

     Algunas de las amigas de Cristina compraron también agendas y dejaron de visitar a las suegras. En los últimos meses hay señoras de avanzada edad jugando al mus sonrientes con caballeros jubilados en el hogar del pensionista, a las habituales horas en que aguardaban la visita de sus nueras para repasar el estado de todas sus dolencias y sus males.  

     Y la señorita Lucía, la caracaballo, compró una remesa de agendas como regalo de Navidad para sus compañeros del colegio de la Consolación. El segundo trimestre los alumnos recibieron las notas sin que nadie se hubiera acordado de corregir los exámenes. 

     Dicen, aunque no está demostrado, que ahora Manuel escribe notas en la agenda de su madre antes de salir para el instituto. En ellas le recuerda las cosas que una madre no debe hacer por su hijo. Desde entonces, no ha vuelto a ordenar su habitación ni a poner la mesa porque su madre siempre olvida lo que no debería haber hecho jamás.
     En la tienda de mi barrio hace mucho que las agendas ocupan lugar principal en los cristales del escaparate. Las chicas las compran de muchos colores para escribir en ellas los nombres de las amigas que las defraudaron. Las amas de casa, para apuntar con primorosa letra los sueños que nunca cumplirán, los secretos que cuesta trabajo guardar y los amores furtivos que nadie debe conocer. Los hombres de negocio anotan reuniones a las que no quieren acudir y facturas que no podrían pagar. Hasta los resultados de encuentros que sus equipos no debieron haber perdido. Los alumnos de la Consolación escriben los deberes que sus maestros ya no recordarán corregir. 

     Y a don Ramón, el párroco, le han descubierto una agenda en la que todos los días del año repiten un nombre de mujer, el nombre de esa muchacha que cada día acude a misa de primera hora de la mañana. Está convencido de que esta es la única manera de apagar esos ojos inmensos que lo persiguen cada noche y que no tienen otra cura que no sea el olvido.

Blog de Antonio Gómez:   http://www.antoniogomezribelles.blogspot.com.es/